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08/11/2017

Morboso san valentín

Mi novio es un completo desastre. Por todos lados se hablaba ayer del día de San Valentín pero él, centrado en ese nuevo trabajo y en ese proyecto que le absorbe últimamente montones de horas, ni siquiera se acordó de felicitarme. Ya ni hablar, por tanto, de hacerme un regalo.

 

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Sin embargo, creo que se lo perdonaré. Esta mañana, muy temprano, antes de irme a las clases de la Universidad, llamó un mensajero a la puerta del apartamento que alquilé a principios de curso. Me sacó prácticamente de la ducha. Con una toalla envuelta en el cuerpo, abrí la puerta y el tipo me entregó un paquete. Tras firmar y cerrar de nuevo la puerta, comprobé el contenido de la caja. Había una nota y otra caja más pequeña. Intrigada, leí lo que ponía en el papel:

 
  • Perdón por no felicitarte ayer el día. Ya me conoces, soy un auténtico despistado. En lugar de comprarte la típica rosa, te he hecho un regalo un tanto especial. Espero que sea de tu agrado. Antes de abrir la caja, sigue, por favor, los pasos que vienen a continuación: 1. Ponte esa faldita roja de cuadros que te hace tan provocativa; 2. Vístete con las medias negras sexys, ésas que te llegan por encima de la rodilla; 3. Prohibido ponerte hoy sujetador y braguitas: irás a clase sin nada bajo la ropa.

 

Eso es lo bueno que tiene mi chico: siempre logra sorprenderme con alguno de esos juegos que tanto me fascinan. No he tenido por San Valentín una rosa como cualquier chica, sino un morboso juego sexual.

 

De modo que me dispuse a seguir las directrices marcadas: me quité la toalla y me dirigí en pelotas a mi habitación. Saqué del armario una camiseta, la falda de cuadros a la que se refería mi novio y las medias indicadas y empecé a vestirme.

 
  • ¡Qué pervertido y cómo me conoce!- pensé al ajustarme la minifalda a la cintura

 

Sabe de sobra lo corta que es, que apenas cubre hasta el final de las nalgas y que se me vería absolutamente todo al menor descuido, movimiento brusco o, incluso, simplemente al caminar y que, en esta ocasión, no habría tanga o braga que tapase mis intimidades de las miradas ajenas y ansiosas.

 

Una vez vestida por completo siguiendo las instrucciones de mi chico, abrí la caja pequeña y me sorprendí al comprobar el contenido: un sugerente pene de juguete con ventosa para pegarlo a la pared, al suelo o a cualquier mueble. Era una polla tan real, tan perfectamente diseñada, reproduciendo cada detalle de un pene humano que no pude evitar morderme los labios de puro placer. Aunque no me lo había escrito, sabía perfectamente cuál era la intención y la indirecta lanzada por mi novio: seguro que quería que probase el juguete en ese mismo instante, vestida tal y como me había solicitado. Miré el reloj y aún faltaban unos minutos para salir de casa. Gané algo de tiempo al retrasar el desayuno habitual y posponerlo para el breve descanso durante la mañana en la Facultad.

 

Pegué la ventosa en la pared y dejé clavada esa magnífica polla de color carne. Me acerqué a ella y comencé a lamerla con la lengua para lubricarla. Una y otra vez la recorrí desde la punta hasta la base, empapándola de saliva. Noté cómo mi coño empezaba a humedecerse, mientras yo chupaba aquella verga. Acto seguido me giré, me puse de espaldas al pene y levanté un poco la falda. No hizo falta hacerlo mucho para que mis nalgas quedaran al aire. 

 

Retrocedí un paso más y sentí cómo el glande del falo de silicona rozaba justo mi raja del culo. Agaché ligeramente el cuerpo y volví a subirlo para deleitarme con el tacto de la punta de la polla sobre toda la extensión de la raja del trasero. Decidí ponerme ya en pompa y dejé, así, abierto por completo el orificio anal. Con parsimonia me pegué a la pared y centímetro a centímetro la verga de juguete comenzó a entrar por mi ano. Gemí al notarme penetrada y moví las caderas y la cintura, empujando mi cuerpo hacia delante y hacia atrás . De manera deliciosa el pene se deslizaba por el interior del ano sin obstáculo alguno y llegando hasta el fondo. Aceleré un poco más el ritmo y el efecto de la penetración se hizo mayor, provocando que también aumentase más el placer proporcionado. Por la cara interna de mis muslos resbalaba un par de hileras de flujo, que mi coño expulsaba sin cesar. Mi sexo palpitaba pidiendo ser penetrado ya de una vez, por lo que dejé salir la polla de mi ano y me volví. Abrí la boca y lamí en repetidas ocasiones la verga para saborear el rico e intenso aroma que mi culo había dejado impregnado en ella.

 

Sin mayor dilación, volví a ponerme de espaldas al juguete, incliné mi cuerpo separé con los dedos los labios vaginales y me dejé caer de golpe contra la pared. Grité con fuerza cuando todo el pene entró bruscamente en mi coño húmedo, desde atrás. Realicé la misma operación una vez, otra, otra más....Mis gemidos se incrementaban conforme aumentaba el número de ocasiones en que el falo violaba mi coño con una fuerza extrema. Una de las veces en que la polla quedó encajada dentro de mí, comencé a mover la cintura y las caderas a gran velocidad, a la vez que metía mis manos dentro de la camiseta y jugaba con las tetas, aprisionándolas y apretándolas con ganas. Como una posesa me movía contra la pared, permitiendo que el falo penetrase hasta casi mis entrañas. Cerré, entonces, los ojos oprimí los labios y dí un último acelerón final, hasta que aquella maciza polla me llevó al orgasmo.

 

Extasiada, permanecí unos segundos inmóvil, con la verga dentro y observando el enorme charco de fluidos vaginales que se había formado en el suelo. Luego me aparté de la pared y me acerqué hacia la mesa: allí, antes de masturbarme, había dejado apoyado el móvil, que se encargó de grabar hasta el último detalle de la escena.

12:00 Publié dans Perso | Lien permanent | Commentaires (0)

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